Me escribe de la otra orilla un uruguayo ingenioso y también habilidoso: el buen oriental Bonilla que ha inventado una parrilla sin humo, ni olor, ni brasa que es buena para la casa, y desde que no da llama, lo es también para la dama que cocina, dora y asa. Analizando, se nota que Bonilla es de los míos porque aplica muchos bríos a explotar una ideota, y transpira gota a gota cansado pero contento. Me gustó mucho su invento y se lo voy a copiar, y chorizos voy a asar, que pa' eso no soy lento. Tengo para mí que no hay en esta tierra bizarra para tocar la guitarra como los del Uruguay; los oigo y digo "¡Caray! ese ritmo cadencioso lo deja a uno envidioso como tarasqueando el freno, admirando lo sereno de su sonar melodioso". Capaz que este tal Bonilla también "le hace" al instrumento; si es así, yo me lamento -a pesar de la parrilla- que no sea cosa sencilla el poderlo comprobar. Tal vez me deba animar a cruzar a la otra orilla para pedirle a Bonilla que se largue a guitarrear. Soy duro como una nuez que no se deja aplastar, y me van a perdonar que lo repita otra vez: admitiendo que eso es harina de otro costal, no estaría nada mal que la suerte lo disponga, escuchar una milonga, pero milonga oriental. Villa Elisa, 17/07/03 Osvaldo J. Schiavoni