Caminando Buenos Aires, a veces hay que padecerla.
Si prestamos atención, notaremos que las vidrieras
y las marquesinas de los negocios se encuentran escritas
en otro idioma, como si el castellano fuera una lengua
de la cual avergonzarse.
Lo mismo ocurre con la ropa, que hay que elegirla con
cuidado para que no nos vendan inscripciones estrafalarias,
escritas en idiomas foráneos, y muchas veces hasta con la
mismísima bandera de países invasores.
Y como broche de oro de esta penetración cultural de la que
estamos siendo víctimas, más del noventa por ciento de la
música que se escucha, tanto en la radio como en la televisión
es importada, relegando lo nacional.
Por todo esto, y para levantar la bandera de nuestra propia
identidad, levanto mi voz y digo:
¡Qué pasa con vos, hermano,
que perdiste el sentimiento!
Por favor, pará un momento,
no rechaces mi palabra.
Quiero que el pecho se te abra
y entrar en tu corazón,
pues no encuentro la razón
para tanto desatino.
¡Cómo es que siendo argentino
despreciás la tradición!
¿Es que no te vibra el alma
si escuchás una vidala?
¿O el placer no se te instala
con el sabor de la zamba?
Qué pasa con vos, caramba,
decímelo de una vez,
demostrás tanto interés
por culturas invasoras,
que solo me falta ahora
¡Sentirte hablar en inglés!
No se escuchan chacareras,
cuecas, gatos, escondidos,
de autores que han concebido
sus obras entre desvelos.
Lloran hoy con desconsuelo
lamentando que su afán
ni siquiera les da el pan
para llevar a la mesa,
¡porque a nadie le interesa
la cultura nacional!
¡Gente rara hay en mi pueblo,
siempre mirando a otro lado!
Con artistas importados
de moral poco segura.
¡Como me crecen las dudas
caminando la ciudad!
En inglés se escriben ya
vidrieras y marquesinas.
¡Llorando está la Argentina
su sueño de libertad!
Hoy la gente va vestida
con inscripciones extrañas,
todas en lenguas foráneas
sin saber a quien conviene.
¿Donde fueron los laureles
que supimos conseguir?
¡Nos mira mal San Martín!
¡Le duele el alma a Belgrano!
y a Gardel, ¡uy Dios hermano!
¿qué le vamos a decir?
Por eso es que en este día
te pido que reaccionemos,
que lo nuestro enarbolemos
con orgullo de argentinos.
Que es sin duda un don divino
nacer en tierra de paz.
Hoy te quiero convocar,
unamos fuerte las manos,
¡A ver si recuperamos
de una vez la identidad!
JORGE MUSIKMAN
Recibido el 28/10/02:
AQUÍ QUEDA TU BANDERA
Papá, mamá, quiero hablarles,
siéntense un poquito aquí,
pues les tengo que decir
que ya lo hemos decidido:
yo me voy con mi marido
porque acá no aguanto más.
Allá en España, quizás,
nos labremos un futuro
que no puede ser tan duro
como el de esta realidad.
Pero, ¿Qué me estás diciendo?
¿Es una broma tal vez?
¿Y qué es lo que vas a hacer
con tu hijo, que es mi nieto?
Papá, yo mucho lo siento
pero ya lo decidí:
también tendrá que venir
-el destino así lo quiso-
¡Ay, que tarde se me hizo!
Papá ¡Me tengo que ir!
Ya se fué, con un portazo,
apurada se marchó.
y qué solos nos dejó
con esta espina clavada.
La desgracia, agazapada,
nos enterró su puñal
y puso punto final
a quimeras e ilusiones;
partió nuestros corazones
con un puntazo fatal.
Los hijos son de la vida,
los nietos también serán,
en España encontrarán
beneficios laborales,
más la balanza de males
no se puede nivelar.
¿Qué haremos para encontrar
alivio en la despedida?
¡La familia dividida
en dos partes por el mar!
Pero luego del mal tiempo
el sol de nuevo salió,
y aunque este amargo dolor
me conmueve y contraría,
yo te digo, hijita mía
que tus padres quedarán
a la espera de ayudar
o tu vuelta, cuando quieras
¡Aquí queda tu bandera,
no la vayas a olvidar!
JORGE MUSIKMAN
Así me va, Osvaldo. Como ves, la vena poética
está siempre presente, aún en la desgracia.
Chau, un abrazo. JORGE